¿Alguna vez te has cruzado con un animal abandonado?

Imagino que no es imposible, pero se me antoja muy difícil que haya un español adulto que no se haya cruzado al menos una vez en su vida con un animal abandonado, un perro o un gato necesitado de ayuda, vagando perdido. Yo, sin buscarlos, me los he encontrado demasiadas veces. Y a los que mejor recuerdo, los que jamás podré olvidar, son aquellos a los que no pude ayudar. Han sido dos.

El primero fue un gato aún cachorro
al que arrojaron a un solar en obras. Yo tenía entonces apenas dieciocho años y paseaba por allí de noche cuando surgió tras la valla, frotándose desesperado contra mis piernas. “Déjale ahí, que sabrá buscarse la vida; como le lleves a casa, tu madre te mata”. Y, aún reticente, me alejé impulsada por esas palabras. Pero no fui capaz de autoengañarme, aún hoy, un cuarto de siglo después, le recuerdo y me arrepiento de no haber sido más valiente, de no haber antepuesto el valor de una vida a los posibles inconvenientes que trajera su rescate.

Este gatito atigrado es el responsable de que me prometiera a mí misma no volver jamás a mirar a otro lado cuando en mi camino apareciera alguien necesitado de ayuda.

La segunda y última fue una preciosa bretona canela y blanca de nariz rosa a la que habían abandonado en en la que llaman la autovía olivarera, en Córdoba. Acababan de arrojarla desde un coche y entraba y salía de la carretera, acercándose a los coches y buscando desesperadamente el suyo, haciendo que los vehículos que pasaban tuvieran que esquivarla o frenar en su devoción inmerecida.

Paró un camión, paramos nosotros, e intentamos cogerla por todos los medios, convencerla para que subiera a nuestro coche, para que se acercase a recibir una caricia y pudiéramos traérnosla a Madrid en busca de un buen hogar. No lo logramos, nos miraba con desconfianza y se alejaba. Lo único que conseguimos  fue que se adentrara entre los olivos, lejos de la carretera, y dar aviso al 112. Nunca supe que fue de ella. 

No podemos ayudar a todos los animales necesitados.
Bien lo saben los que están en primera línea de protección animal, pero sí comprometernos a no mirar hacia otro lado, a implicarnos cuando esté en nuestra mano hacer algo por ellos.

Es una responsabilidad compartida construir una sociedad mejor para todos, también para los animales.  Al menos, debería serlo.


La cachorra de las imágenes se llama Lis
y la encontraron en situación de abandono en plena ola de frío en Córdoba.Tiene unos siete meses, pesa cinco kilos y tiene un carácter dócil y sociable. Lo que no tiene es un hogar. Se entrega en adopción en toda España. Más información tras el correo electrónico [email protected]