A los gatos sí se les puede enseñar, incluso a hacer trucos

En mi anterior post os decía que no debemos chinchar a nuestros gatos, que no hay que gritarles, lanzarles, tratarles con rudeza, porque nuestro vínculo no es irrompible, porque lo único que aprenden así es a desconfiar de nosotros y nuestra imprevisibilidad.

Eso no significa que no se pueda enseñar a los gatos, que haya que dejarles hacer lo que les dé la real gana. ¡Por supuesto que no! De hecho son capaces de aprender mucho más de lo que mucha gente creería. Se les puede educar si se se sabe cómo y si se es consistente cuando nos arremangamos para hacerlo.

Si hay algo que no nos gusta que hagan, se les puede apartar con delicadeza usando siempre la misma palabra (quita, no, para), pero sin gritos, sin malos gestos, sin tratarlos con violencia, repitiendo las veces que haga falta con mucha paciencia y suavidad. De hecho, cuando comiencen a obedecer, conviene premiarles con caricia o alguna golosina que aprecien.

Y también se les puede enseñar órdenes sencillas en positivo, con refuerzos y alternativas de su agrado. No es difícil encontrar en las redes sociales vídeos de gatos que obedecen (casi siempre) cuando se les pide la pata o que hagan la croqueta. Mientras se emplee aquello que le gusta, como comida o juguetes, el animal disfrute con el proceso y nosotros (haciendo acopio de paciencia) también, no hay el menor problema, nuestro vínculo incluso podrá reforzarse.

Eso sí, los gatos no son perros. Modulemos nuestras expectativas, afrontemos sesiones más cortas, en los momentos en los que están más receptivos y asumamos la posibilidad del fracaso pese al esfuerzo.

Os confieso que yo no veo aliciente ninguno en que mi gato se siente para que le dé una chuche o choquemos los cinco, pero sí en que aprenda lo que no debe hacer. Por ejemplo, tengo el empeño de que mi gata no se cuelgue de la lámpara o otro de mis gatos no se pasee detrás del televisor, algo que van entendiendo a fuerza de insistir con delicadeza.

En cualquier caso, como siempre he dicho, por mucho que lo intentes puede que tu gato decida que tu mueble favorito es su rascador favorito y no le vas a convencer de lo contrario. Si valoras más a tu objeto de decoración que a tu gato, no tengas gato.

Dante es una cachorrita preciosa que busca hogar en Madrid.

Contacto: [email protected]